Las confesiones de Modric: del asesinato de su abuelo a manos de los chetniks al palo a Rafa Benítez


El policía no dudó ni un momento al ver a Modric recogiendo la pelota de su hijo, en mitad de la calle. Ni una estrella del Real Madrid tiene permiso para saltarse la cuarentena, por mucho que Ivano chute con mala puntería. Bronca y advertencia al papá futbolista, que volvió con la tarjeta amarilla del guardia. Fue en las primeras semanas del confinamiento, cuando mataba el gusanillo del fútbol en familia, en el jardín de su nueva residencia.
“Levantarse cada mañana en nuestra casa de Madr

id es pura magia. Casi siempre hace sol y calor, y La Moraleja es un barrio tranquilo. Es muy agradable salir al porche, sentarse, mirar las plantas del jardín y escuchar los pájaros. Cuando

Ivano

y

Ema

están en casa y hace buen tiempo, enseguida se lanzan a jugar a la piscina. En ese momento, el silencio deja paso a sus gritos, sus risas, sus juegos. No hay nada más bonito que ver jugar a tus hijos sin preocupaciones. Me encanta estar en casa.
En mañanas así, a

Vanja

[su mujer] y a mí nos gusta recordar nuestra vida y mirar al futuro. Solemos hablar de todos los acontecimientos que nos han traído hasta aquí”. Así se expresa el jugador croata en su primera autobiografía, a la venta en el mercado español desde el pasado verano. En su país ha sido un éxito editorial.
En ella repasa una trayectoria de continúo ascenso, desde aquellas mañanas de crío ayudando a su abuelo al pastoreo de cabras hasta la consolidación como una de las figuras del fútbol mundial, con la conquista del Balón de Oro de 2018 incluida. Pero su viaje aún continúa, como se vio el domingo en el campo de La Cerámica. Acaba contrato a final de temporada, pero a este nivel de juego, podrá seguir mucho tiempo más en el

Real Madrid

, como bien sabe.

Zinedine Zidane

, retirado a los 34 años, envidia la espléndida madurez de

Modric

, que con 35 recién cumplidos sigue siendo capaz de guiar con maestría al

Real Madrid

hacia el liderato de la Liga. Así lo hizo en

la última jornada

, en otro partido de los que seguramente no queden en el álbum de oro del croata, al ser simplemente la cuarta fecha liguera, ante el Levante, pero que cimientan la sólida carrera de uno de los mejores futbolistas que vistió la camiseta blanca en toda su historia.
No necesita el centrocampista el soniquete de los himnos para ejecutar una función completísima entre cambios de orientación precisos, toques en corto para agilizar el juego o pases en profundidad, sin olvidar sus carreras hacia atrás para presionar a un rival. No se le caen los anillos en la brega.
En

Mi partido

,

Modric

entra de lleno en episodios que han marcado su vida y su carrera, como por ejemplo el asesinato de su abuelo Luka, alguien muy especial para él. De hecho, su madre le tuvo que sacar de la guardería porque no dejaba de llorar. ¿El motivo? Prefería que le cuidaran sus abuelos. Hombre sencillo de campo, no volvió a casa una mañana de diciembre de 1991, en los inicios de la

Guerra de los Balcanes

.

Asesinado a la puertas de casa

Su mujer intuyó que algo malo había pasado cuando vio entrar suelto el atajo de cabras, sin su marido y pastor. Una patrulla de

chetniks

(la guerrilla serbia) se había cruzado con él horas antes. “Murió acribillado por una metralleta. A quemarropa. Tenía 66 años. Se me parte el corazón cada vez que pienso en cómo murió, literalmente, en la puerta de su casa. ¿Qué clase de personas pueden quitarle la vida con esa frialdad a un hombre mayor e inocente?”, se pregunta Modric en los párrafos más intensos de un libro que ahora presenta en España.
Cuentan en el Real Madrid que al croata siempre le ha molestado que se dibuje su infancia como un periodo duro, de infelicidad, marcado por la tragedia en su país. En el libro se desahoga con la muerte de su abuelo, pero después su relato irradia naturalidad y alegría, a pesar de las curvas que su familia tuvo que afrontar desde que estallaron las armas en Yugoslavia. Primero pasaron por un campo de refugiados, en Makarska, llamado

El pueblo de los niños

, para después instalarse en un hotel de

Zadar

, habilitado para desplazados por la guerra.
Pronto destacó con un balón en los pies, a pesar de su enclenque complexión física, culpa en parte de la mala boca que tenía para comer y de su querencia a estar enfermo de bebé.
Después, la escalada por los diferentes escenarios del fútbol, de las patadas de la liga bosnia, donde le rompieron una espinilleras con la foto de

Ronaldo

, a su aterrizaje en Inglaterra. Cuenta, aún con angustia, las semanas que pasó entrenando en solitario en Londres, una vez se declaró en rebeldía al

Tottemham

para forzar su fichaje por el Real Madrid. Reconoce que las llamadas de

José Mourinho, Florentino Pérez y José Ángel Sánchez

le tranquilizaron.

La Décima y Mourinho

Al técnico portugués le otorga buena parte de la responsabilidad de su llegada al Madrid, enamorado de su fútbol. “Entendí la obsesión que había por la Décima Copa de Europa cuando vi que

Mourinho

se sentaba siempre en el avión en la butaca número 10″, confiesa sobre el título más especial que ha ganado con el escudo blanco, siendo protagonista del córner que aprovechó su amigo

Sergio Ramos

para empatar la final de

Lisboa

. “Quizá aquello cambió la historia del club”, escribe.
En su repaso sobre los entrenadores que ha tenido en el Madrid, destaca la descripción de

Rafa Benítez,

jefe del vestuario durante tan sólo unos meses de la temporada 2015/16. Modric, como testigo directo, pone letra a la conclusión que quedó del efímero paso del madrileño por

Valdebebas

. No congenió con el vestuario, que no tardó en cogerle la matrícula.
“Era un gran profesional. Lo cuidada todo hasta el más mínimo detalle e insistía en que había que respetar aquello que se acordaba. Muy pronto se hizo evidente que esto acabaría siendo un problema. Quiso cambiar nuestro estilo de juego, establecía sus ideas de manera obstinada e insistía en las correcciones tácticas, incluso a los jugadores más veteranos. Estaba claro que este modo de dirigir al equipo, más propio de un maestro de escuela, no le iba a dar resultado en el

Real Madrid

“, dice el croata, que se ahorra, eso sí, explicar aquella anécdota que se filtró sobre las lecciones que el técnico le daba a la hora de golpear al balón con el exterior, una de las especialidades del centrocampista. Los jugadores, ante escenas así, mal disimulaban las sonrisas.
Más cariñoso se muestra con

Carlo Ancelotti

, recordando la noche de verano que le llevó a cenar en Madrid para hablar de fútbol, antes de comenzar su primera temporada en el Bernabéu. De Zidane, el actual patrón, habla de su carisma y del disgusto que se llevó al conocer su repentina marcha,tras ganar la tercera Champions seguida. Precisamente, de la final de Kiev rememora el vídeo sobre dinastías legendarias de la NBA que les puso el francés para motivarles. De los

Bostos Celtics

de Bird a los Lakers de Magic o, sobre todo, los

Bulls de Michael Jordan

. El 23 fue el primer número que

Modric

eligió en el fútbol profesional.

Para seguir leyendo gratis



O suscríbete a Premium y tendrás acceso a todo el contenido web de El Mundo

Conforme a los criterios de

The Trust Project

Saber más



Source link

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *