Un épico Jimmy Butler tumba a los Lakers y desquicia a LeBron

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Jimmy Butler juega con el hambre de quien no tuvo nada, con la desesperación de quien con 13 años se vio sin techo y rebotando de sofá en sofá hasta que otra familia quiso acogerlo. Juega duro, no le queda miedo a nada y no se rinde jamás. Donde otros veían unas Finales de la NBA sentenciadas de antemano, con los Lakers dominando con mano de hierro los dos primeros partidos y los Heat perdiendo a dos de sus tres pilares, él veía más que un hilillo de esperanza. De qué otra forma, si no con una confianza desmedida, iba a firmar una actuación tan monumental para liderar el triunfo de Miami en el tercer asalto (115-104).

“¡Estáis en problemas!”, le gritaba LeBron James al final del primer cuarto. Miami había firmado un arranque de manual, había desactivado el ataque de los Lakers (10 pérdidas en 10 minutos, más que en todo el partido anterior) y había anulado a Anthony Davis (0 puntos, 4 pérdidas), y lo único que había sacado eran tres míseros puntos de ventaja. Los Heat se vaciaron durante 48 minutos y aun así llegaron a verse abajo en el último cuarto (89-91). Ahí golpeó Jimmy Butler, incontenible toda la noche atacando el aro: una canasta para empatar, tres asistencias seguidas, y otros ocho puntos consecutivos para poner la sentencia a un minuto del final (109-100). “¡Vosotros estáis en problemas!”. Le respondió entonces, dos horas y una exhibición después.

Jimmy Butler acabó con 40 puntos, 11 rebotes y 13 asistencias, el tercer triple-doble de la historia de las Finales que alcanza la barrera de los 40. Antes, solo Jerry West (1969), el hombre cuya silueta da imagen a la liga, y LeBron (2015), que en aquel duelo contra los Warriors también asumió una carga descomunal sin Kyrie Irving ni Kevin Love. Su entrenador, Erik Spoelstra, sólo pudo rendirse ante él después del partido. “¿Qué otra cosa vas a decir? El puto Jimmy Butler”.

El puto Jimmy Butler. El tipo que se presentó el primer día de pretemporada a las 3.30 de la mañana para empezar a trabajar cuanto antes. Sí, aquello tuvo algo de postureo, de declaración de intenciones, pero es que en verano no entrena mucho más tarde. El puto Jimmy Butler, que lideró un esfuerzo colectivo impecable: después de un segundo partido en el que los Lakers los masacraron en la zona, los Heat echaron el cerrojo a la pintura. Todos se encomendaron a proteger el aro y anular a Anthony Davis, imparable en los dos primeros duelos.

Ni eso aseguraba el triunfo. El pasado viernes, Miami superó el 50% en tiros de campo, el 40% en triples, el 90% en tiros libres, algo que sólo había ocurrido tres veces antes en la historia de las Finales, y aun así nunca tuvieron opciones de ganar. Mientras Dragic y Adebayo no estén (y el esloveno es posible que no pueda volver), nada por debajo de un partido impecable les vale para ganar.

Los Heat se exprimieron por cada punto de ventaja: tres al final del primer acto, cuatro al descanso, cinco al final del tercero. La defensa nubló a Davis (15 puntos, cinco faltas, desaparecido en el último cuarto) y LeBron (25 puntos, 10 rebotes, 8 asistencias, pero 8 pérdidas) pero los Lakers solo necesitaron una buena racha de un secundario, Markieff Morris, para darle la vuelta. Un golpe tras otro de martillo, una entrada tras otra del puto Butler, incansable y ciego de confianza. Jimmy Buckets lo llaman, por su capacidad para manufacturar canastas en los momentos calientes.

“¡Vosotros estáis en problemas!”, le gritó a LeBron tras sentenciar el partido. Un exceso que quizá pague en el próximo asalto. James, desquiciado, acabó yéndose al vestuario cuando aún quedaban 10 segundos por jugarse, sin pedir el cambio ni hablar con nadie. No había terminado el tercer partido y ya había empezado a jugarse el cuarto.

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